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Historia de la Fundación Huerta Niño

Is In Buenos Aires City, Argentina

Fundación Huerta Niño: el sueño de uno se transforma en el beneficio de muchos.

En 1999 el Ingeniero Felipe Lobert comenzó con el proyecto Mi Huerta como una solución sustentable a la problemática del hambre en nuestro país.

“Los niños no pueden aprender porque tienen hambre”, esa fue la frase que actuó de disparador en la mente de Felipe Lobert, un joven de origen belga y realidades argentinas.A fines de los años sesenta, Felipe se encontraba en un viaje de estudios en el norte de nuestro país. Allí, conversando con los maestros rurales, entendió que las necesidades eran muchas, pero que había una -la más importante- que era la base de todo el resto: el hambre. Fue así como se prometió volver a ayudar a esa gente a través de una solución verdadera, una solución que durase para siempre.

De ese viaje, 30 años pasaron. Felipe formó su familia y se convirtió en el dueño de una empresa exitosa. Había llegado entonces su momento de hacer algo por los demás. Dentro de él la decisión había sido tomada hacía mucho tiempo, sólo le restaba animarse a empezar.  La cuestión era “¿Cómo?”

Nuevamente fue una pregunta lo que lo condujo hacia la respuesta correcta “¿Cómo puede haber niños con hambre en un vergel?” Felipe tenía recuerdos de sus antepasados europeos subsistiendo a las guerras gracias a las huertas familiares. No entendía cómo comunidades con tanto terreno sin utilizar no aprovechaban para cultivar la tierra que se les ofrecía ante sus ojos. La clave era simple: la cadena de trasmisión del conocimiento, de generación en generación, se había roto. La cultura del trabajo de la tierra se había perdido. Esta claridad le permitió enfocar su proyecto hacia la solución adecuada.

Sabía que necesitaba la colaboración de otra parte: la del experto. Se contactó así con los técnicos de Pro-Huerta, un programa perteneciente al INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) que se dedica a promover la seguridad alimentaria de la población en situación de pobreza estructural y vulnerable. Fue así como se llevó a cabo el primer proyecto de huertas comunitarias en escuelas rurales y se hizo en la localidad de Machagai, provincia de Chaco. Varias huertas siguieron luego de ésta, el proyecto Mi Huerta resultó ser una respuesta sustentable al problema endémico de la desnutrición y malnutrición infantil.

El próximo paso fue institucionalizarlo. En 2003, se iniciaron las actividades como Fundación Huerta Niño, y en 2004 se obtuvo la personería jurídica como organización sin fines de lucro. A partir de allí el trabajo se sistematizó y se intensificó.

En la actualidad el proyecto se ha expandido a todo el territorio nacional, alcanzando la totalidad de 170 huertas y beneficiando así a más de 10.000 niños y a 5.000 familias de la comunidad.

El sueño de Felipe se hizo realidad, y el de muchas otras personas también. Las huertas resultaron un primer paso para que muchas comunidades aisladas y desfavorecidas salieran adelante y confiaran en sus capacidades. Sólo necesitaban comenzar…

 

 

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