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Buenas prácticas en Responsabilidad Social

By Sayed Suárez de Bogota city, Argentina

Cuándo me plantearon la opción de escribir este artículo me hicieron una pregunta con carácter mágico que suelen hacerse todas las organizaciones que quieren implementar programas de responsabilidad social y están familiarizados con el término “buenas prácticas” ¿Cuáles son las Buenas prácticas en Responsabilidad Social?. Generalmente por la experiencia, me he dado cuenta que las organizaciones acompañan esta pregunta con un ferviente deseo por el hacer algo al respecto, independientemente del motivo que genere este deseo. Sin embargo antes de explorar cuáles son las “buenas prácticas “ en Responsabilidad Social , hay que iniciar con la que es en mi concepto sin duda la “mejor práctica de Rs” y es preguntarse constantemente ¿Para que? Y ¿Por qué quiero llevar a cabo cualquier tipo de acción en Responsabilidad Social?, la respuesta a estos  dos interrogantes determinará no solo cuáles de las buenas prácticas  se ajustan más a mi organización, si no también cuáles son las que debo promover con más determinación, y sobre todo los momentos adecuados para implementarlas.

Teniendo claridad en esto, en el presente artículo  exploraremos  en el universo de las buenas prácticashaciendo énfasis en  las consideradas “macro prácticas” o   estratégicas, estas son:

  • Tener una misión, una visión y unos valores coherentes con la realidad de la organización: Si esto no es así, llegó el momento de realizar una revisión profunda de su planeación estratégica y de su cultura organizacional.
  • Identificar los grupos de interés: Generalmente las organizaciones atienden a los grupos de interés que mayor demanda le generan o “mayor ruido hacen” y estos no siempre son necesariamente los que generan un mayor riesgo para la operación o los que pueden permitirle aprovechar mejor las oportunidades del entorno competitivo. Es importante mapear los grupos de interés y clasificarlos en función de los riesgos y las oportunidades que puedan representar.
  • Tener buenas prácticas de gobierno corporativo: Si bien es cierto existen organismos como la  OCDE que construyen directrices seguidas por gobiernos y empresas  multinacionales, estas rara vez son extrapoladas por las pequeñas y medianas industrias, muchas de las organizaciones de este tipo basan sus buenas prácticas en los valores de sus creadores pero debido a su tamaño, no han estandarizado dichas prácticas más allá de los requisitos  mínimos legales.
  • Estar alineados a tendencias superiores: Michael Porter escribía en uno de sus artículos que uno de los grandes problemas a nivel mundial es que las acciones en temas de responsabilidad social perdían mucho impacto potencial debido a que no generaban sinergias y funcionaban de manera aislada. Es una práctica recomendable que sus acciones estén alineadas con tendencias internacionales o locales, como los ODM, los Derechos Humanos, el Global Compact, el plan de desarrollo regional o la directriz que aplique.
  • Reportar con transparencia y eficiencia: El reporte como lo había comentado en un artículo anterior no es el fin último de la responsabilidad social, sin embargo reportar con transparencia y eficiencia si lo es. Reportar con eficiencia implica llevar el mensaje adecuado, por el canal adecuado, a cada grupo de interés de la organización, el reporte no se puede convertir en un libro que redactamos una vez al año y que es hojeado por los directivos en una junta. Reportar con transparencia implica reconocer las falencias y afrontar las oportunidades de mejora.
  • Tener en cuenta los factores sociales y ambientales dentro de la estrategia de gestión: Históricamente, y con justa causa las empresas han enfocado su estrategia de gestión en la creación de valor económico, esto ha generado una serie de avances en eficiencia operativa e innovación que buscan mejorar continuamente las partidas contables o los indicadores financieros tradicionales. Sin embargo es una “buena práctica” por no decir fundamental, el incorporar dentro de las estrategias de innovación y eficiencia los factores sociales y ambientales, es decir sin dejar aún lado los beneficios económicos, pensar en generar valor social y ambiental. ¿Es esto posible?, esta pregunta es un tema sujeto de debate en el mundo académico y la respuesta es  que si lo es, a pequeña y gran escala, teniendo en cuenta que los beneficios generalmente no se ven necesariamente en el corto plazo, por ejemplo: mejoras en los procesos de producción,  con efectos positivos en el medio ambiente generalmente resultan en una reducción de costos operativos a mediano y largo plazo.

 

Ahora bien después de saber cuáles son “las buenas prácticas” estratégicas el paso a seguir es identificar cuáles ya están inmersas dentro dela cultura organizacional, porque siempre es más fácil partir de las potencialidades  que de las carencias, desde allí  desde esas buenas prácticas ya incorporadas se debe trazar una línea de acción para identificar otra serie de iniciativas que permitan desarrollar programas de Responsabilidad Social no solo eficientes, si no acordes a la realidad de su organización.

 

 

 

 

 

 

Perfil del escritor:

Sayed Olav Suárez es ingeniero industrial de la Pontifica Universidad Javeriana, MBA candidato de la UP con énfasis en management estratégico. Actualmente se desempeña como consultor en Responsabilidad Social, Sistemas de Gestión Sostenible e innovación social. Dentro de su experiencia se destaca la participación en el diseño de la estrategia gremial de la banca Colombiana en Responsabilidad Social,  el soporte en las políticas y proyectos  de Responsabilidad Social del Departamento Nacional de Planeación de Colombia, y otras actividades de consultorías para diferentes tipos de ONG y empresas del sector privado

 

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