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Historia de las Heladerías Colonial

Is in Buenos Aires city, Argentina

Heladerías Colonial surge de la iniciativa de nuestros padres que comenzaron poniendo un local de helados en el año 1979, porque como buenos italianos, era algo que llevaban en la sangre y conocían perfectamente cómo hacer. En 1987 decidieron abrir otra heladería en Martínez, pero esta vez bajo el nombre “Colonial”. Allí trabajábamos con mis primos y hermanos ayudando a los mayores en el oficio y fuimos aprendiendo poco a poco el valor que nuestras raíces le daban a este producto. Verlos trabajar con tanto amor y dedicación fue algo que sin dudas nos quedó grabado para siempre y con ello crecimos.

La idea del negocio era tener el mejor producto a un precio lógico y prudente para el mercado, además de reunir a toda la familia para trabajar en un proyecto común.

Por aquellas épocas todavía no existía el actual delivery y el local era muy sencillo solo con ventas en el mostrador. Trabajabamos todos personalmente y usábamos las degustaciones para tener éxito en el boca a boca. El segundo año recuerdo explotó la heladería y la gente formaba colas de media cuadra para pedir su helado; era increíble. Creo que el secreto fue el producto y que los clientes encontraban a sus propios dueños allí y con la fabricación a la vista. Eso impactó muy fuerte en la gente del  barrio.

En el año 1991 se incorporó el delivery y Colonial se convirtió en pionera junto con dos comercios más. Y no solo esto ayudó a progresar, sino que también sirvió la apertura de la sucursal de Olivos.

En el año 2000 se abrió esta heladería que fue la que cambió todo. Incorporamos un arquitecto para que nos dé una imagen de negocio porque analizábamos que teníamos el mejor helado, los mejores precios, pero no contábamos con una imagen. Hasta ese momento decorábamos nosotros y al explotar inmediatamente esta sucursal, el diseño de las otras heladerías se modifica para unificar criterios y profesionalizar la marca.

 

En el 2004 se abre una sucursal en Valeria Del Mar y al ser un lugar para vacacionar nos hicimos conocidos para la gente que venía de los alrededores. A partir de ahí fue un crecimiento constante, abrimos en San Isidro, Belgrano, Cañitas. Ya tenemos dieciocho sucursales, seis son propias y doce franquiciadas. Entendimos que no podíamos manejar más de seis sucursales, era imposible dedicarles el mismo tiempo que cuando eran dos o tres. Cuando vimos esa limitación optamos, después de mucho tiempo, por el sistema de franquicias. Empezamos con familiares y, hoy en día, son muy cuidadas. Nosotros no buscamos gente que quiera invertir para sacar una rentabilidad a control remoto, necesitamos personas que estén en el negocio y que lo trabajen con dedicación. Hoy en día, entre la gente que trabaja en la fábrica y quienes lo hacen desde nuestras propias sucursales, somos alrededor de cien personas totales. Un crecimiento impresionante considerando que éramos tan sólo ocho en un principio.

 

Para aquellos que sueñan con un emprendimiento cabe remarcar que no se debe tener miedo a la hora de proyectar e invertir, pero los pasos deben ser juntos uno a otro y no intentar saltearse ninguno. Nosotros tuvimos la suerte de crecer  de manera sostenida y acompañamos eso con mucha ayuda externa como ingenieros en alimentación, manuales de procedimientos, de capacitación de gerentes, siempre mirándolo desde una empresa familiar. Tratamos de cuidar la franquicia como si fuera la primera porque están pensadas como negocio estable. Por ahora no comercializamos las franquicias a través de un consultor porque tenemos miedo que esto se dispare. Somos una empresa chica y queremos progresar paulatinamente.  Acá hay idea de negocio, pero fundamentalmente pasión por lo que hacemos.

 

 

 

 

Historia contada por Diego Castro, Socio de Heladerías Colonial

 

 

 

 

 

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