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La confianza y la calidad de vida laboral

By Raúl Miranda de Buenos Aires city, Argentina

El Valor Supremo para el desarrollo de la  Calidad de Vida, el afrontamiento del estrés y la reducción de las incertidumbres. El  contexto de la Responsabilidad Social como la estrategia clave para su logro desde los Estados Nación y las Organizaciones. Una mirada a través de autores claves.

Cierta vez, siendo un consultor organizacional recién iniciado, cometo un error que dió como resultado la pérdida del cliente. Al día siguiente debía afrontar la reunión con el director de la Consultora y,  temeroso fui a ella. El, como era de esperar, me recibió cordialmente, me hizo contarle los hechos, y me formuló una pregunta, que aún hoy recuerdo.

 

–              ¿Cuando eso sucedió,  fuiste vos mismo?

–              Claro,  contesté, lo hice de acuerdo a nuestros valores.

Luego llegó otra pregunta:

–              ¿Y qué aprendiste de esto?

Brevemente le dije:

–              Aprendí que antes de actuar,  en ciertas circunstancias, es necesario preguntar, conocer con quienes estamos trabajando, analizar el contexto y muchas cosas más.

El,  hizo un gesto de asentimiento, y me invito a almorzar. Mientras comíamos le pregunté:

–              ¿Esto es todo?,  no necesitas decirme algo más?

Yo esperaba un castigo, una sanción. Se rió y me explicó:

–              Los consultores con iniciativa, avezados y confiables tardan años en formarse y cuesta mucho encontrarlos, los clientes van y vienen. La confianza es más importante que el éxito, y yo como director tengo muy  en cuenta eso. Tus hechos, tu relato  y tu reflexión inspira confianza en mí, y sino lo hiciera así estaría trabajando solo.

 

Muchos años después encuentro en mis lecturas una cita de Napoleón que volvió a recordarme esa conversación.

“La obra política más difícil es obtener la confianza antes que el éxito”.

Esto, generó que empezara a investigar cómo políticos y  teóricos de las organizaciones habían abordado en diferentes épocas y situaciones el concepto de confianza. Fue así que descubrí que  Disraeli, Primer Ministro Británico, decía:

“Confiamos demasiado en los sistemas y muy poco en los hombres”.

Hasta Séneca, pedagogo y senador romano, manifestaba que:

“Sólo un bien hay que es causa de una vida feliz: la confianza en sí mismo”.

 

En este artículo realizaré un recorrido sobre la importancia del valor confianza en la reflexión teórica de los autores más destacados sobre el tema. El propósito es poder vincular este concepto con otros tres que hoy son motivo de estudio: Calidad de Vida Personal, Productividad empresarial y  Capital Social. (Sabemos que hoy el concepto de Capital Social se ha vuelto poderoso y una idea clave a la hora de desarrollar cambios y mejoras en las organizaciones.)

 

Así, Bernardo Kliksberg destaca que los componentes del concepto de capital social son la confianza interpersonal, capacidad de asociatividad, conciencia cívica y los valores de la ética. A su vez, critica duramente como grave error de la economía tradicional, el que estos valores fundamentales hayan sido marginados en la formulación de estrategias para promover el desarrollo y la lucha contra el hambre y la marginalidad.

Por otra parte, afirma que, la desigualdad en la distribución del ingreso y de las oportunidades; así como el desapego y las catástrofes naturales que generan migraciones y desarticulan las redes de relaciones sociales existentes, son factores adversos a la formación de capital social.  La productividad, dice, requiere de la conciencia social para que sea sostenible y son los equipos directivos los responsables de convocar a una estrategia de calidad de vida al interior de sus  organizaciones.

Asimismo, Pierre Bourdie (1986), quizá el primero en abordar el tema de calidad de vida y capital social, plantea un análisis exhaustivo del mismo cuando, a partir de los años ochenta se suscitó una ola de estudios sobre este concepto y su aplicación. Para este autor: “el agregado de recursos actuales y potenciales que están vinculados a la posesión o acceso a una red permanente de relaciones más o menos institucionalizadas de mutua aceptación y reconocimiento, o, en otras palabras, que están establecidas en función de la membresía en un grupo” es lo que genera la confianza esencial que reduce los marcos de incertidumbre y se visualiza en lo individual en una notable baja de los stresores negativos.

Para Bourdie,  la confianza es también el producto de la  cantidad y calidad de transacciones relacionales con tendencia a provocar un pronóstico creíble sobre conductas y resultados, todo esto especialmente con las personas.

Claro los conceptos de Albert Hirschman (1986) actualiza el tema mucho más claramente cuando emplea los términos de “energía social” y de “recursos morales” para identificar la capacidad de acción colectiva que representa el capital social, indicando que éste es un recurso que, a diferencia del capital físico y del capital natural, se incrementa con su uso, marcando nítidamente el aumento de la productividad. Lo interesante del aporte de Hirschman es que este “recurso” puede no usarse y sin embargo no desaparecer, porque constituye una memoria histórico cultural que engendra nuevos brotes y desarrollos.

De allí que la cultura de la calidad de vida en el enfoque sistémico ([i]), es el mejor motivador intrínseco para una calidad de vida laboral sostenida.

James Coleman (1988)  lo incorpora de manera más cruda, incluyendo esta noción,  instalada en la comunidad como es la de capital (con restricción económica) en un giro conceptual que clarifica la discusión tanto para aquellos más econocentrados y para los otros más antropocéntricos. Surge así el término capital social dentro de las ciencias sociales, identificándolo con la capacidad de las personas para trabajar en grupos (calidad de vida laboral), en base a un conjunto de normas y valores compartidos.

Robert Putnam (1993), quizás el científico social más reconocido en la actualidad, demostró también el valor del concepto en la década de los ochenta, cuando  expresó que:

“es a través de la confianza presente en los diversos actores sociales, en el grado de asociatividad prevaleciente entre los mismos (sinergias y calidad de relacionamiento) y el respeto a las normas de comportamiento cívico, tales como la cultura tributaria, el cuidado de bienes y servicios públicos, lo que contribuye a la promoción y mantenimiento del bienestar colectivo”.

Putnam cuidó de destacar que,  por un lado en las sociedades más asentadas en este concepto se desarrollaban vínculos más sostenibles en todos sus ámbitos y se generaban indicadores de felicidad más alto en la percepción de la personas cuando más daban. Por otro lado,  en las organizaciones también generaba mayor capital intangible, todo esto sin necesidad de un fuerte sistema de control; lo que se reflejaba en una mejora de  la productividad de largo plazo.

Francis Fukuyama (1995) le da una vuelta en profundidad al tema, establece categorías, y concluye que sólo las culturas en las que prevalece un alto activo de capital social prevalecen tendencias de relacionamiento vincular fuerte y en confianza alentando los que determinan una mejor calidad de vida. Observa que en América Latina, en donde la reserva o stock de capital social es de los más bajos del mundo, persiste una cultura del subdesarrollo y del realismo mágico que actúa como pesado lastre para la superación de la región frente al reto de la revolución tecnológica y la globalización.

Pero fue Nan Lin (1994)  mediante un enfoque estructural, quien  identifica al capital social como un activo colectivo implícito en las relaciones sociales y que puede ser promovido o restringido por dichas relaciones según los valores existentes en el colectivo social. Esta “vuelta de tuerca” es altamente relevante y le otorga al concepto de Capital social la posibilidad de ser operable, gestionable o sea posible de propiciar ciertas lógicas. Para Lin el capital social se fundamenta en la siguiente premisa:

“la inversión en capital social genera retornos en términos de un mercado que puede ser económico, político, laboral o comunitario, y que el concepto debe entenderse como un activo social o colectivo y como el capital que se genera a través de las relaciones sociales, por tanto es un activo social en virtud de las conexiones o inter-relaciones entre los actores sociales y el acceso a los recursos de la red o grupo del cual ellos son miembros”.

Por último, no se puede dejar de mencionar a quien todavía nos contiene con sus definiciones paradigmáticas y manejó con maestría y sencillez la relación entre incertidumbre y confianza como pocos o ninguno lo ha hecho hasta el presente. Thomas Kuhn (1971) explica que cuando la confianza en las certezas que sostienen a una matriz social es firme, inunda todos los aspectos de dicha sociedad: el científico, el educacional, el matemático, lógico, cultural, social, histórico, psicológico, etc. Es más, nos organizamos, nos relacionamos con la realidad, y determinamos qué verdades relativas a lo que ‘sabemos’ de ella son ciertas y cuales no lo son. Una Matriz Social supone, a nivel de Estructura Intencionada, un conjunto de ideas (certezas) sobre lo que es la ‘realidad’ por ella misma.

Así, según sea ese conjunto de supuestos e ideas con las que nos identifiquemos, será la manera ‘racional’ en que tratemos los fenómenos con que nos encontremos, organicemos y hagamos afirmaciones coherentes, propiciando un alto clima de consensos. Es importante explicar que este sistema de consensos es promovido por un sistema de calidad de vida laboral que enfatiza el relacionamiento vincular sostenible y en donde se pueden construir contextos de certidumbre a través de lo cuales   se puedan generar mejoras en la producción y en la  inclusión social,  vistos como simultáneos  y mutuamente recíprocos.

 

Algunas ideas para concluir:“No hay nada más práctico que una buena teoría (…)”([ii])

En el comienzo del artículo relaté una anécdota acerca del valor confianza. En el desarrollo  realicé un recorrido teórico de como este concepto ha inundado diferentes ámbitos de estudio. En este cierre provisorio, ya podemos concluir que gestionando la confianza en Contexto de capital social, disminuyen los desacuerdos, los desajustes, y los conflictos de manera fundamental y (lo más interesante) se vuelven operables y por lo tanto objeto de una buena Gestión.

 

La Calidad de Vida en todas sus facetas es un enfoque que  tiende más a buscar la totalidad, la coherencia, la reducción de incertidumbres (eliminando buena parte de los stresores que provoca el temor a lo desconocido) y la claridad de intereses y valores. Si esto ocurre,  el conflicto interpersonal y social baja en fuertes proporciones, la persona es más feliz, su estrés disminuye y sus relaciones son más efectivas. Por tanto las organizaciones son más productivas.

Será necesario entonces que se comiencen a concretar algunas de las estrategias aquí esbozadas para que los Estados puedan  crear contextos de Capital Social igualando las diferencias que producen  un mundo de relaciones mediatizado por las redes, global,  fuertemente  tecnológico, pero a la vez local y necesariamente, apropiable, feliz y sostenible. Esto es lo que llamamos en la jerga la inclusión Global – Local. Una visión Global para los emprendimientos locales es imprescindible y una confianza en red que facilite ese acercamiento es esencial desde lo educativo, el Estado Nacional, y los dirigentes de toda índole que quieran interpretar a cabalidad el mundo en el que nos movemos.


[i] El enfoque sistémico se basa, en otros casos en creer en uno, en el otro, en el grupo, y en las relaciones sociales como impacto de nuestra labor

[ii] Kurt Lewin

 

Bibliografía:

KLIKSBERG, BERNARDO, “El Capital Social. Dimensión Olvidada del Desarrollo”, Caracas, Venezuela, Universidad Metropolitana, Editorial Panapo, 2001.

BOURDIE, PIERRE, “The Forms of Capital”, in (Handbook of Theory and Research for the sociology of education) J. G. Richard, ed. New Cork: Greenwood Press, 1986.

HIRSCHMAN, ALBERTO., “El Avance en Colectividad: Experimentos Populares en América Latina”, México, D.F., Fondo de Cultura Económica, 1986.

COLEMAN, JAMES, “Social Capital in the Creation of Human Capital”. American Journal of Sociology, 99, (Supplement):S95.S120,1988.

PUTNAM, ROBERT , “Making Democracy Work, Civic Traditions in Modern Italy”, Princeton, New Jersey, Princeton University Press, 1993.  (6)FUKUYAMA, FRANCIS, “Trust: The Social Values and the Creation of Prosperity”, New York, Free Press 1995: y “Capital Social y Desarrollo: la Agenda Venidera”, en Capital Social y Reducción de la Pobreza en América Latina y el Caribe, Raúl Atria y Marcelo Siles, compiladores, Santiago de Chile, Naciones Unidas, CEPAL; Universidad del Estado de Michigan, 2003.

Community”,New York: Simons and Chuster, 2000

LIN, NAN, “Social Capital. A Theory of Social Structure and Action”, Cambridge, UK.,Cambridge, University Press.

Kuhn, Thomas: La estructura de las revoluciones cientificas, México : Fondo de Cultura Económica ,1971. 3a.ed

 

 

 

 

Perfil del escritor:

Raúl Miranda es Licenciado en Relaciones del Trabajo (UBA).Posee un posgrado en Gerencia y Desarrollo institucional de la(UNAM), cuenta con una especialización en Responsabilidad Social. Se ha desarrollado como Director de Asuntos Gremiales del Ministerio de Educación, ha sido el fundador de la Prestación del Seguro por Desempleo en la República argentina, desarrolla trabajos de docencia e investigación en la UBA, como Titular de Calidad de Vida Laboral en la Facultad de Ciencias Sociales, en la UTN, como Titular de Desarrollo Genrencial y Gestión de la Personas en la Maestría de Negocios, en el INAP, como especialista en Transformación Pública. En el exterior desarrolla proyectos de puesta en valor en Hospitales en México. En la Argentina desarrolla programas de Calidad de Vida en organizaciones públicas y privadas. Ha publicado diferentes artículos en importantes medios.

 

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