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¿El liderazgo puede ser un castillo de naipes?

By Roberto Franchi de Buenos Aires city, Argentina

Viendo la serie televisiva de referencia, en más de una situación lo comparé con problemáticas de poder ocurridas en el ámbito de las organizaciones y me ayudó a reflexionar una vez más sobre el significado y las implicancias del liderazgo organizacional.

Si por liderazgo entendemos el rol emergente de la relación que se establece entre personas, en las que una asume el reconocimiento otorgado por los otros, lograr esto requiere del despliegue de vínculos asertivos por parte de ese líder. A diferencia de esto un jefe o un gerente basa su accionar en el poder otorgado por la organización. Desde ya que si este poder está respaldado por el brindado por la gente tenemos alguien con respaldo de las dos caras de la moneda. Y esto puede suceder,  porque ese liderazgo ya emergió dentro de sí mismo, es decir, estamos hablando de un liderazgo interior.

 

Así como la realidad es analógica, el liderazgo obviamente también. ¿Qué significa esto? Si el liderazgo interpersonal, aquel que desplegamos hacia afuera, en el marco de un equipo u organización no es sustentado por un liderazgo intrapersonal, el primero es un castillo de naipes que puede desmoronarse en cualquier situación que lo ponga a prueba como sucede habitualmente.

 

La analogía de ambas caras del liderazgo se refleja en el hecho de que lo que sucede en una de ellas tiene su correlato en la otra. Lo que no podemos manejar afuera nos muestra algo que no podemos manejar adentro. El trato que tenemos con quienes nos rodean muestra el trato que tenemos con nosotros mismos. Cuanto más conozco hacia adentro más conozco hacia afuera y como no puedo gestionar lo que no conozco, el conocimiento en ambas direcciones es clave.

 

El liderazgo es el despliegue y la extensión de nuestra personalidad. Muchas veces asociamos al liderazgo el concepto de carisma. En realidad, la palabra carisma fue originariamente un término con connotación religiosa. Significa <<del espíritu>> o <<inspirado>>. Es el poder de llevar a cabo las tareas cotidianas desde un ámbito interior. Por lo tanto, las fronteras son internas. La verdadera expansión está dentro de nosotros. Y de esto se trata el liderazgo. Todo lo que pueda lograr hacia afuera lo vamos a lograr trabajando hacia adentro. Conócete a ti mismo… y permite transformarte por medio de ese descubrimiento.

 

¿Qué es lo que sucede actualmente con el liderazgo? En cualquier ámbito que miremos no dudamos en afirmar que el liderazgo, representado por las personas que ocupan cargos, puestos o posiciones de poder, está en crisis. ¿No son acaso castillos de naipes, construcciones apoyadas sobre arena y que se desmoronan con sólo verlas en acción?

 

Es saludable que el liderazgo actual esté en crisis. Aunque esta crisis signifique dolor. Esto nos está diciendo que es necesario un cambio. El dolor y la insatisfacción cuando son más intensos ofrecen una oportunidad excelente. En realidad esta crisis de liderazgo nos está diciendo que somos nosotros, no ellos solamente, los que estamos en crisis, cada uno de nosotros está en crisis. Cada uno de nosotros despliega un liderazgo más o menos silencioso, a veces anónimo, en las pequeñas cuestiones y ámbitos en los que nos movemos. Y es ahí donde cada uno debe mirarse actuar. Para cambiar algo afuera es necesario cambiar algo adentro. “Debo cambiar en mi el cambio que quiero lograr afuera” (M. Ghandi)

 

Es necesario sanar nuestro liderazgo y para ello es clave el descubrimiento de fronteras adentro. Lo que hicieron Miguel Ángel, Beethoven,  Shakespeare o Picasso (por mencionar sólo algunos) no fue tanto crear algo,  como haber tenido acceso a ese lugar dentro de sí mismos a partir del cual pudieron expresar lo que ya tenían. Esta genialidad en realidad radicaba en la expresión y en la creación. Y lo que nos impide expresar lo que tenemos dentro es el miedo en sus múltiples formas.

 

Es conocido en el marco de la psicología el “complejo de Jonás”. Este complejo hace referencia a la dificultad que todos en mayor o menor medida tenemos para descubrir y comprometernos con nuestro potencial, con nuestra misión en la vida. No nos sentimos capaces de… Preferimos estar dormidos y sonámbulos refugiados en nuestra zona de seguridad, comodidad y mediocridad. Lo que más miedo nos da no es ser incapaces, sino ser poderosos más allá de lo que creemos. Es nuestra luz y no nuestra oscuridad lo que nos asusta. Si jugamos a empequeñecernos no le servimos al mundo. Como consecuencia de este miedo nos pasamos la vida construyendo una máscara y un maquillaje intentando mostrarnos especiales pero no reales. Nos hemos desconectado de nuestra verdadera esencia y de esta manera salimos a buscar luces y reflectores externos olvidándonos que la energía y la luz está dentro de cada uno. Sin esto no hay liderazgo. El verdadero líder es alguien que logra, sin forzar ni controlar, que fuerzas poderosas se muevan a su alrededor haciendo que las cosas sucedan.

 

El ejercicio del liderazgo implica una auténtica comunicación con uno mismo para, a partir de esto, realizar una honesta comunicación con los otros. Comunicación significa unión común, comunión. Es unir lo que está separado y esta integración debe realizarse en el interior de uno mismo. La calidad de comunicación de un líder con los otros se sustenta en la calidad de comunicación con él mismo. Un líder íntegro es un líder que ha logrado integrar y unir lo que en nuestro interior suele está separado: el sentir, el pensar y el hacer.

 

Integrar estas facultades requiere ser conscientes de qué y cómo pensamos, sentimos y actuamos. Lograr alinear esto genera un efecto que no pasa desapercibido y mucho más si se hace en un  nivel de conciencia sano. Esta alineación e integración requiere de un trabajo permanente de toma de conciencia, de una exploración interior que sólo puede ser sostenida con coraje y humildad ya que al hacerlo nos encontraremos con luces y sombras. No somos ni los mejores ni los peores. Somos.

 

El liderazgo es vínculo, hacia afuera y hacia adentro. Y así como todo vínculo es transformador y creador, cada vez que me vinculo con un aspecto de mí mismo me debo dejar transformar, enriquecer. El problema es que la cultura en la que estamos (cultura del ego) nos ha enseñado más a buscar transformar al otro y así controlarlo. Por esto muchas reuniones (de trabajo, por ejemplo) no funcionan, ya que cada uno va esperando moldear y transformar al otro buscando que el otro piense y actúe como uno quiere, cuando en realidad la actitud pasa por dejarse transformar por el vínculo y el encuentro, única manera de crecer. Preferimos poner distancia, encontrando razones para hacerlo antes que asumir el riesgo de dejarnos transformar por el vínculo con el otro.

 

El liderazgo requiere inteligencia vincular y relacional, hacia adentro y hacia afuera. Y ese vínculo es transformador. Por eso un líder no puede transformar su realidad externa si previamente no transformó su realidad interna. Y el camino de la transformación es la exploración con mirada de niño, con inocencia, sin crítica, sin juzgamiento, aceptando todo lo que se descubre, permitiendo que lo nuevo transforme. La actitud habitual es descubrir lo nuevo manteniendo exactamente la identidad anterior. Como hemos basado nuestra conexión con la realidad en el control,  percibimos la transformación como pérdida de control, como caos. Por eso preferimos malo conocido que bueno por conocer.

 

El líder anhela el vínculo con el otro porque ha saboreado el encuentro con él mismo. Intuye que cada encuentro con el otro es una ventana para encontrarse con él mismo y redescubrirse, transformarse. Si siempre somos lo mismo, encontraremos siempre lo mismo. Experiencia es transformación, no repetición.

 

La gran oportunidad que tienen las organizaciones es comenzar a transformarse creando ambientes y vínculos más sanos, constructivos y menos alienantes a partir de ayudar a generar líderes en condiciones de llevar adelante esta transformación. Estos líderes deberán sustentar esta transformación hacia afuera en una transformación hacia adentro. Es un camino no libre de obstáculos y dificultades ya que la transformación produce dolor y resistencia. No hay crecimiento sin esto. No hay espíritu de equipo y espíritu corporativo sin espiritualidad. Así como se ha hablado de inteligencia emocional e inteligencia vincular, la oportunidad que se abre hoy es dar un paso más en este proceso de maduración y animarse a desarrollar “inteligencia espiritual”, la nueva frontera analógica del liderazgo organizacional.

 

 

 

 

 

Perfil del escritor:

Roberto Franchi es Licenciado en Psicología (UBA). Pos-grado en Psicología Clínica. Pos-grado en Educación Superior y Gestión del Conocimiento (cursado). Director del Estudio FRANCHI Consultores. Especialista en Desarrollo de Personas y Organizaciones.  Es Profesor de la Universidad de Palermo en el Master Internacional en Dirección de Empresas en la materia de “Liderazgo y Trabajo en Equipo”. Se desempeño como Gerente en importantes bancos y consultoras en Argentina. Fue Profesor de la Universidad de Belgrano y del Centro (Tandil).Participó en Proyectos de Investigación en Psicología Laboral y Liderazgo. Libros publicados:  “Aportaciones al Test de Phillipson” (Libro de Editorial PAIDOS en colaboración con otros autores). “Organizaciones que viven y organizaciones que funcionan. Trascendencia del liderazgo en la vida organizacional” (Editorial Nobuko – 2009). Ha dictado cursos en Brasil, México, Uruguay, Chile, Ecuador, Panamá y actualmente dicta cursos y asesora empresas en Argentina y Uruguay.

 

 

 

 

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