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¿Humanos con recursos o Talento Humano?

By Oscar Germán Virga Digiuni de Mendoza city, Argentina

Cuando en las organizaciones se habla de su gente, de quienes las hacen todos los días, se ha hecho costumbre referirse a los recursos humanos. Como un insumo más de la actividad productiva. Más aquí en el tiempo, tal vez alguna reflexión culposa hacia el individuo, hecho a imagen y semejanza de los dioses, creativos, inteligente, emotivo, único y libre, ha sugerido hablar del Talento, como algo que supera al común de los recursos.

Claro que lo supera, porque no es el recurso empresario que se categoriza como “humano”, para imputarlo en los costos, sino que es el más humano de los recursos. Y es el que reúne y armoniza a todos los demás, ya genéticos, culturales, ambientales, atareos, etc.

El Talento es un complejo producto, que reconoce sus antecedentes en el “Saber”. Quien sabe, dispone de conocimientos, habilidades y destrezas, innatas, para destacarse haciendo en un medio social. Es necesario que esas calidades naturales, para aplicarse efectivamente, estén integradas con emergentes del siendo personal, tales como el equilibrio emocional y el estado espiritual, por ejemplo.

En síntesis, creíste, creímos, que la capacidad personal es la confluencia de saber Hacer y saber Ser.

Esa capacidad personal, en un contexto o ambiente favorable, auspicioso, generativo, puede elevarse al grado de competencia.

Cuando califico al Talento como un producto complejo, me refiero a una nueva síntesis, propia de la vertiginosidad de cambios en este tiempo que nos ha tocado compartir. Esta nueva síntesis incluye influencias de la competitividad del mercado profesional (laboral, en general), la dinámica de la información pública, el desarrollo de la economía de servicios, las formas educativas presentes, la cultura de las creencias móviles, los nuevos estándares relacionales-afectivos y la adaptabilidad fisiológica a todo lo anterior….

Entonces, aparecen necesidades de desarrollo o énfasis en la capacidad de liderazgo en equipos y personas, de foco en las fortalezas propias y superación de las debilidades, de aprendizajes efectivos en cada experiencia para elevar la conciencia y responsabilidad personales, de emprendedorismo profesional, de protagonismo en procesos de negociación con superiores, dependientes o clientes, de gestión de la pérdida para transformarla en oportunidad de crecimiento, de  gestión de la incertidumbre y administración del recurso del cambio continuo, por citar solo algunas demandas posibles en los escenarios actuales.

 

El Talento es una nueva integración: Virtud + Valores.

El ser humano es una creación magnífica, que nos maravilla cotidianamente ante cada nueva revelación que hace la ciencia sobre esta magnífica creación. Más allá de un evitable juego de palabras, hay una representación del devenir del comportamiento humano. El Hombre puede comprender cada vez más sobre sí mismo, pero no sobre los alcances de la experiencia de vivir e integrarse en su Talento. Eso es la creación humana: la revelación permanente de nuevas posibilidades, nacidas de su propia Virtud.

La Virtud es un genérico que refiere a “algo bueno, correcto, moralmente calificado….”. Para no entrar en detalles, importa que define una característica distintiva, saludable, propia y reconocible como un aporte de valor a un espacio social. Agrega o pone a disposición lo que no había hasta entonces. Por ello, es un beneficio para ese espacio.

En el actual contexto social o de las organizaciones (empresas, gobiernos, clubes recreativos, ONGs, familias), la Virtud es mucho más que una habilidad, destreza o dominio de algún conocimiento particular.

Es la expresión de un individuo presente y activo, consciente de sus actos y consecuencias, de lo que interactúa, de lo que crea, lo que pide y espera. Es el fruto de una transformación permanente, que la Naturaleza dirige, para ubicarlo en un lugar de equilibrio, inestable, versátil, pero nuevamente estable en su proyección. Ese es el beneficio de la Virtud en este nuevo tiempo.

La Virtud se ve, simple, como lo que “sale fácilmente bien y, por eso mismo, da placer hacerlo”. Lo que cada vez es menos simple es la agilidad y sencillez  de los procesos. Allí es donde la Virtud requiere de los Valores para llegar a destino.

 

Nuestra conducta es la manifestación de nuestros Valores en la acción. Conviene, a esta altura, proponer que los Valores son las creencias que alimentan el circuito de emociones-acciones en los seres vivos. Los Valores gobiernan las respuestas emocionales ante los estímulos externos y permiten a la Virtud su plena presencia, esencialmente productiva.

Howard Gardner, el promotor de la teoría de las Inteligencias múltiples, ha dejado conceptos valiosos sobre la Intuición. “Cuando alguien puede hacer algo bien o pensar de forma correcta, pero es incapaz de explicar cómo lo consigue, eso es la Intuición. La gente puede tener muy buena intuición en un área, pero no en otras. Un matemático puede ver claramente la resolución de un problema muy complicado, pero no tener ni idea de cómo detener una pelea entre dos niños”.

 

La Intuición es la puerta que se abre para dejar pasar los Valores a que hagan su trabajo. Pocas evidencias hay sobre la mecánica intuitiva. Baste decir que su efecto, su impacto, es indicar por dónde conducirse. Por dónde guiar la Virtud, acompañada de los Valores que la sustentan más allá de su propia pericia, para relacionarse y complementarse en el campo de acción. La Intuición permite fluir ágilmente a la Virtud y los Valores aún bajo situaciones adversas. Constituyen, en conjunto, una fuerza natural muy superior a la resistencia de la mezquindad egoísta o de alguna patología, restricción o trastorno psicológico.

Es un impulso creativo, absoluto, que facilita gestar la mejor versión de una persona en toda circunstancia, superando cualquier condicionante.

 

La mejor versión de una persona  es su Talento. Tú mejor versión es tu Talento. Es la aptitud de tus Virtudes complementada por el equilibrio de tus  Valores. Gestionarlo eficientemente es descubrir esos caracteres, preparar un entorno favorable a su desarrollo y progreso y despejar las situaciones insanas que lo condicionen o limiten.

 

¿Cuál es tu Talento?.

Lo conoces, ya lo sé… ¿Lo estás utilizando?.  ¿Estás enfocado en eso?.

¿Estás entregando tus Virtudes al mundo? y  ¿qué hay de tus Valores?.

¿Cuándo te miras al espejo, a quién estás viendo? . Al mismo que estoy viendo yo?.

¿Quién se está perdiendo los beneficios principales? . Tus beneficios, digo…

¿Quién se está beneficiando hoy?

¿Qué esperas?. Qué necesitas que pase?

¿Puedo ayudarte?.

 

 

 

 

Perfil del escritor:

Oscar Germán Virga Digiuni es Coach profesional (UNCuyo), TS en Comercio Exterior (ISCCE). Director del Instituto Superior de Capacitación Empresaria (Mendoza). Director de La Brújula Consulting&Coaching. Profesor de diversas materias en niveles universitario, terciario y secundario, en áreas de Administración, Comercialización y Comunicación. Facilitador y gestor de proyectos. Conferencista, escritor y creador artístico. Con experiencia compleja en gestión de organizaciones, públicas y privadas, en las áreas de RRHH, RRII, Administración y Comercialización. Especialista en Diagnóstico organizacional. Asesor de distintas ONGs en su desarrollo institucional. Antecedentes en Formulación, Evaluación y Seguimiento de proyectos de inversión. Ha publicado numerosos artículos sobre estos temas en revistas impresas y en formatos digitales, además de participar de diversos seminarios, encuentros, paneles, etc.

 

 

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