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Ventajas de hacer negocios en el mercado brasileño

By José Gustavo Pérego de Buenos Aires city, Argentina

Las necesidades de desarrollo de la infraestructura en Brasil son notorias y representan uno de los principales cuellos de botella para su crecimiento. En la actualidad, pese a los mega planes de inversión como el PAC y el PAC2, la realidad es que Brasil apenas invierte el 2% del PIB en infraestructura; según los especialistas esto significa la mitad del mínimo necesario para lograr mantener un crecimiento económicos sostenido por encima del 3% anual. En este sentido, se estima que Brasil necesita invertir R$ 100.000 millones adicionales por año en los próximos 25 años, afín complementar los nuevos paquetes de inversiones y concesiones lanzados por la presidencia de Dilma.

Como respuesta a esto, se observó cómo el sector de construcción e ingeniería ha crecido a una tasa sostenida del 11% anual desde inicios de la década pasada, apalancado principalmente por decisiones estratégicas del gobierno Lula, tal como la nacionalización de la construcción de las plataformas Offshore para Petrobras, que prácticamente generó la nacionalización y expansión de toda la cadena de valor petrolera y conexas. Así como también las inversiones realizadas para el Mundial de Futbol y las Olimpiadas en Rio de Janeiro superando los cientos de miles de millones de reales en inversiones hasta el 2016.

Sin embargo, esto resulta insuficiente, y no cabe duda para ningún analista o dirigente en Brasil, desde el economista Ricardo Amorim hasta Benjamín Steinbruch, que la capacidad de supervivencia de Brasil en el futuro está atada a dos variables: infraestructura y educación.

 

Pero como resultado del escándalo de corrupción surgido de la Operación Lava Jato en Petrobras, por pedido de la Justicia brasileña, se están frenando varias obras y prohibiendo a muchas constructoras de participar de licitaciones, así como también el sector financiero está frenando el desembolso de préstamos para financiar las grandes obras. La suspensión aplicada a las 23 constructoras involucradas y la prisión de varios de sus directivos ha generado un gran revuelo en el mercado Brasileño, ya que muchas de estas grandes constructoras poseen una fuerte dependencia con Petrobras, llegando a más del 40% de sus operaciones en algunos casos.

Pero además, existen factores que abren la oportunidad del mercado a nuevos jugadores:

  1. El veto de Petrobras a la incorporación de las 23 empresas sospechadas a las nuevas licitaciones, al menos en el corto plazo.
  2. La declaración de falta de idoneidad que el Procurador General del Tribunal de Cuentas de la Unión quiere aplicar a ocho de las constructoras imputadas, lo cual las dejaría afuera de cualquier licitación pública por los próximos años.
  3. La presión de la opinión pública brasileña sobre los ejecutivos, políticos y las empresas involucradas, lo que dificulta momentáneamente cualquier intento de cartelizacion del mercado.
  4. La presión de apertura de los números del BNDES para con los préstamos subvencionados a las constructoras investigadas en el exterior.
  5. La falta de caja que posee el gobierno brasileño actualmente, lo que obliga a buscar avanzar con inversiones por medio de concesiones y no obras con erogación directa del presupuesto nacional.

 

Todo esto está llevando a que muchas de las grandes constructoras del Brasil estén realizando despidos masivos, buscando renegociar deudas, frenando obras y colocando en venta sus activos. Esto representa una oportunidad única para la entrada de nuevos actores extranjeros al Brasil que, pese a los frenos burocráticos del mercado brasileño, hoy deben hacer una apuesta de mediano plazo para posicionarse, pensando en tener una tajada del negocio que mueve mas de R$ 111 mil millones anuales, pensando en los próximos 15 años.

 

Actualmente el gobierno, al ver las dificultades para desburocratizar el proceso de inversiones del PAC, observadas en su baja efectividad  administrativa, así como por la falta de caja por parte del gobierno nacional, hizo con que se llevaran adelante nuevos procesos de concesiones para los puertos, aeropuertos, rutas y el sector energético, entre otros.

Brasil históricamente ha tenido un mercado de compras gubernamentales muy cerrados, con un proceso gradual de apertura a partir del año 1991, con la ley 8666 de licitaciones que derogaba una serie de regulaciones provenientes de la década del 60 y 70 que buscaban generar mercados protegidos para la industria nacional. Pese a todos los problemas para ingresar al mercado de infraestructura brasileño, muchas multinacionales de distinto perfil han ingresado al mercado, tomando concesiones y grandes obras de infraestructura, entre ellas empresas argentinas como Techint, Rogio, AA2000 e Impsa entre otros

 

Si analizamos mas detenidamente la modalidad de inversión basada en concesiones desde la óptica de las empresas extranjeras, si comparada con la obra publica licitada, sobresale el hecho que las concesiones están regidas de forma subsidiaria por la ley de licitaciones 8666/93 la cual, pese a todos sus cambios posteriores, ha servido para darle preferencia a las empresas brasileñas, principalmente en las obras del PAC y PACII. Las concesiones sin embargo son consideradas “privatizaciones” y como tales, son regidas por las leyes 9491/97, 8987/95 y 9074/95 además de los decretos que las reglamentan. En si las leyes no imponen cualquier requisito de contenido local o  mecanismo de reserva de mercado a empresas nacionales. El mejor ejemplo es el art. 12 de la ley 9491/97 que establece que toda personas físicas o jurídicas extranjeras podrá tener hasta el 100% del capital votante de la concesión.

 

Por ejemplo, en el caso especifico del sector aeroportuario hubieron restricciones especificas establecidas por la empresa estatal Infraero para que esta, luego de la licitación, se quedara siempre con el 49% de las acciones del consorcio administrador de la concesión. Esto se estipuló en las resoluciones de la ANAC Edital 2/11. Este modelo indujo a una asociación de tres tipos de empresas: Infraero, un inversor y un operador aeroportuario. Este modelo ha forzado la entrada de operadores extranjeros con fuerte experiencia en el sector, sin por ello dejar afuera a las constructoras nacionales. Ya en el caso de la nueva ley 12815/13, la afamada “Ley de Puertos”, esta ha tenido desde el inicio una posición favorable al establecimiento de operadores internacionales, donde se destacan principalmente las empresas de origen chino. El Programa Nacional de Dragado Portuario e Hidrovia instituido por la ley 11610/07, ya dejaba expresamente permitida la contratación de empresas extranjeras para la realización de servicios de dragado. Este seria el encuadre que se utilizaría para la ley de puertos mas tarde.

 

Esto nos muestra que las leyes de concesión son actualmente el marco rector del proceso, lo cual beneficia fuertemente la entrada de empresas de origen extranjero, pero sin embargo la aplicación subsidiaria de la ley 8666 y sus modificaciones abre a la posibilidad que se apliquen algunas restricciones tales como los porcentajes de nacionalización de productos y servicios adquiridos, el freno burocrático para la legalización de profesionales, entre otros. Sin embargo nada de ello significa una traba significativa al momento en que los inversores extranjeros deciden radicarse en Brasil estableciendo operaciones locales visualizando un horizonte de mediano plazo.

 

Desde el Ministerio de Planificación Nacional de Brasil se esta buscando atraer con mayor intensidad a los capitales extranjeros para que participen en los nuevos Programas de Inversiones en Logística (PIL) y en Energía Eléctrica (PIEE), sean estas empresas constructoras, empresas de servicios de ingeniería, fondos de inversión u operadores especializados.

Desde el gobierno brasileño se comenzó una política agresiva de atracción de inversores extranjeros al mercado de infraestructura brasileño, que ha incluido viajes presidenciales a EEUU, la UE, China y Japón. El PIL prevé una agenda de concesiones de rutas, puertos, aeropuertos y ferrocarriles para los próximos 4 años del orden de los R$ 69,2 mil millones y ya en el caso del sector Energético, con la concesión de nuevas obras de generación y transmisión de energía eléctrica del orden de R$ 42 mil millones en la  matriz y R$ 39 mil millones en la transmisión de alta y media tensión hasta el 2018.

 

En síntesis, lo que muchos inversores a nivel internacional están analizando no son los problemas y restricciones momentáneas que sufre la economía brasileña de la mano de los escándalos de corrupción y una economía en retracción, sino que observan a mediano plazo la curva de crecimiento que sigue teniendo el mercado de infraestructura debido a los cambios económicos ocurridos en los últimos 20 años en Brasil, entendiendo que este momento es único para poder ingresar invirtiendo, comprando activos o asociándose para licitar el centenar de concesiones previstas para los próximos 5 años. En este sentido, es que el empresariado argentino debería comprender que esta oportunidad significa la posibilidad de darle escala a sus capacidades productivas nacionales, establecerse en una plataforma regional mucho mas dinámica, y transformar su perfil organizacional y financiero.

 

 

 

Perfil del escritor:

MA. José Gustavo Pérego es Lic. en Gobierno (UADE), Máster en Estudios Internacionales (UTDT), MBA (UTDT) y Especialista en Finanzas (FGV-Brasil). Es consultor en mercados y asuntos internacionales, con especialización en Brasil y Mercosur. Con amplia experiencia en el sector petrolero y private equity. Habiendo publicado en medios nacionales como Cronista Comercial, Ámbito Financiero entre otros. Integrante del CARI y Fundación Pensar. Actualmente se desempeña como consultor para Corporación Sur, ABECEB.COM, el GCBA y el Congreso de la Nación.


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