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Las Relaciones Públicas y la ética

By István Kovács Halay de Lima City – Perú.

Ninguna persona que se dice ser profesional puede ejercer sus conocimientos sin ética. La ética al ser parte de la filosofía que nos enseña las cosas “cómo deben ser”, es la que legitima y hace profesionales a quienes ejercen diversas labores en la sociedad. Las Relaciones Públicas, siendo una profesión, quizás la más compleja dentro del campo de las comunicaciones y de la administración, no escapa de esta realidad. Por su naturaleza de ser una función de asesoría al más alto nivel en las organizaciones, no puede prescindir de la ética en su labor, ya que dicha condición las convierten en la “conciencia organizacional” que tiene como misión orientar las acciones y políticas de las organizaciones hacia un sentido humano, justo y de estricto respeto a la dignidad de las personas.

Frente a esta realidad, los profesionales de Relaciones Públicas deben tener mucho cuidado en su accionar, tanto en su vida profesional como personal. Este binomio entre lo privado y lo público afectará la calidad de trabajo que desarrollarán en las organizaciones, por lo que su calidad moral debe ser intachable encontrando siempre una amplia correspondencia entre lo que expresan y lo que hacen. Esta correspondencia les otorga credibilidad. Al ser los responsables de proyectar una buena imagen y la consiguiente obtención del concepto favorable, sus hechos deben estar enmarcados en valores como la veracidad, la solidaridad, la perseverancia y el respeto a todos los públicos mediante el logro del equilibrio justo de intereses entre ambas partes. Por lo tanto, para el relacionador público la ética no es una elección en su accionar, sino un modo de vivir que debe ser vista con el ejemplo mediante acciones concretas en cada decisión que tome al momento de asesorar a los altos ejecutivos de las empresas quienes depositaron su confianza en ellos.

La discusión sobre el papel que juega la ética dentro de la profesión de las Relaciones Públicas es un tema que se ha discutido y continúa debatiéndose en las aulas universitarias y en el ámbito profesional. Este debate cobra importancia desde la década de 1980 porque las organizaciones se han dado cuenta de que tienen que prestar mayor atención a las demandas sociales y a los intereses de sus públicos. Todo esto ha llevado a la transición de una ética teórica a una ética práctica y aplicada. La conclusión actual es que la ética es fundamental para las Relaciones Públicas, ya que su aplicación beneficiará a la profesión misma, así como a las empresas que practican dicha actividad. Además, existe evidencia empírica suficiente que afirma que los profesionales de las Relaciones Públicas al ser asesores de la alta dirección de las empresas, adoptan además la función de ser una “conciencia organizacional” que orientan las decisiones y políticas de estas entidades sobre principios éticos  y de responsabilidad social.
Como producto de esta preocupación sobre la ética en las Relaciones Públicas, surgió un debate muy vigoroso sobre los pros y contras de tener un código universal de ética. Muchos escritores concuerdan en que no solamente decisiones de tipo ético dan más oportunidades a los profesionales de participar en las decisiones de la dirección de las empresas, sino que también ayudan al prestigio y desarrollo de las Relaciones Públicas como una profesión en sí. La ética y la responsabilidad social son temas vitales para las Relaciones Públicas, dado que ellas facilitan la comunicación entre la organización con sus diferentes públicos dentro de la sociedad.

Existe el argumento de que el comportamiento ético es de exclusiva responsabilidad de los profesionales, por el sentido de moralidad y deseo personal y por el querer ser respetados por los diferentes públicos más que por el resultado de códigos de ética. Quizás lo que hace del tema de la ética difícil de abordar desde un punto de vista pragmático dentro de las Relaciones Públicas son los diferentes puntos de vista de sus tratadistas. A ello podemos agregar que para los tiempos actuales en que vivimos, comúnmente denominada como una época de falta de valores y principios éticos, es primordial  analizar la trascendencia de la puesta en práctica  de los valores y la ética en la vida profesional, sobre todo del relacionista público quien tiene por misión noble hermanar y equilibrar los intereses de las organizaciones con las de sus públicos, claro está que siempre con la base de la veracidad y el consiguiente respeto a la dignidad humana.

Podemos afirmar que las Relaciones Públicas, al ser la “conciencia organizacional” asesoran el trabajo que deben desarrollar las organizaciones no sólo en beneficio propio, sino por sobre todas las cosas, en pro del bienestar social y el respeto a la dignidad humana. Por ello, la ética en las Relaciones Públicas no debe ser algo conexo o complementario; debe ser la base y la piedra angular de su quehacer convirtiéndose más que en norma, en una forma de vida. Las razones son las siguientes:

 

  • La práctica de las Relaciones Públicas sin ética podrían derivar en la imposición de normas y leyes que en sí mismas resulten ser coactivas o restrictivas a la libertad de la persona. Podemos citar como ejemplo ilustrativo de una situación extrema a John Marston (1) quien afirma que: “si se generalizara el soborno y la corrupción en el Poder Legislativo (de una nación cualquiera), podría dictarse una ley que prohibiera que los grupos de causa intentaran influir sobre los congresistas, lo cual será negarle a la ciudadanía en común el derecho a la petición. O si prevalecieran las falsedades en la publicidad y en las Relaciones Públicas, alguien podría proponer la promulgación de una ley que exigiera que todas las afirmaciones fuesen aprobadas de antemano por un consejo gubernamental, hecho que negaría nuestro derecho a la libertad de expresión.”

 

  • La práctica no ética profesional destruye la confianza indispensable para una vida democrática en donde todos tenemos los mismos derechos a participar. La pérdida de credibilidad y confianza en nuestro medio no nos permite  tomar decisiones sobre temas trascendentes en nuestras organizaciones ni en la sociedad. Nos vuelve escépticos y desconfiados al perder nuestra valoración de lo que leemos, vemos y escuchamos (esto es muy frecuente en la actualidad)

Saber escuchar a los demás e incitar a todos los miembros de la organización a actuar de buena fe, son unas de las principales cualidades que las Relaciones Públicas deben cultivar, ya que esto nos ayuda a ser mejores al aceptar críticas constructivas y tomar en cuenta los puntos de vista de aquellas personas con quienes no necesariamente estemos de acuerdo. Aquí radica justamente la bondad de nuestra profesión: administrar la controversia pública llevando al diálogo a personas con diferentes visiones para luego encontrar puntos de coincidencia y juntos democráticamente tomar decisiones que beneficien a todos en conjunto. Así las Relaciones Públicas evitarán las radicalizaciones de estos puntos de vista que devendrán en conflictos, lo cual es una labor eminentemente proactiva en bien de todos.

 

  • Ninguna profesión puede desarrollarse sin la ética. Si las personas consideran que el ejercicio de una “profesión” determinada no es ética, pocos querrán seguirla (aquellos que prioricen sus intereses personales a costa de cualquier medio para lograr sus fines) y otros muchos harán lo posible por erradicarla (quienes consideramos que toda actividad que lleve el nombre bien puesto de “profesión”, debemos ser conscientes que la ejercemos para mejorar el nivel de vida y la convivencia humana).

 

Paradójicamente, nuestra profesión de Relaciones Públicas, es confundida por muchos como una actividad que efectuamos para beneficiar los intereses egoístas de ciertas organizaciones y en donde con tal de quedar bien habría que seguir un lineamiento maquiavélico de que “el fin justifica los medios”, hecho que es motivo de malos entendidos por gran parte de nuestra sociedad al pensar equivocadamente que las Relaciones Públicas son promotoras de arreglos bajo la mesa, de tráfico de influencias y de sonrisas poco sinceras ante la comunidad. Nada de estas cosas son Relaciones Públicas.

El motivo principal de estas ideas erróneas es la falta de información y difusión adecuada que explique a muchos de nuestros empresarios, autoridades de los gobiernos y a la sociedad misma sobre la amplitud y el sentido altruista de nuestra profesión de buscar el desarrollo humano con respeto a su dignidad. Es menester entonces “Hacer Relaciones Públicas para las Relaciones Públicas” para que de una vez por todas, nuestra sociedad conozca las enormes bondades de nuestra modesta, pero importante labor al servicio de la sociedad misma.

 

 

Referencias bibliográficas:

  • Marston, J (1975) Relaciones Públicas modernas. Editorial McGraw Hill México D.F. Pág. 407

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Perfil del escritor: 

István Kovács Halay. Es Doctor en Gestión Educativa y Magíster en Administración Educativa de la Universidad Peruana Unión (UPeU). Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación especializado en Relaciones Públicas y Marketing egresado de la Universidad de San Martín de Porres (USMP).

Docente universitario en las facultades de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Privada San Juan Bautista (UPSJB) y la Universidad César Vallejo (UCV) en la ciudad de Lima. A nivel de posgrado, es docente de la Maestría en Administración Educativa en la Universidad Peruana Unión (UPeU) y en la Maestría en Comunicación Estratégica y Responsabilidad Social Corporativa en la Universidad Nacional del Centro del Perú (UNCP) en la ciudad de Huancayo.

Es director nacional por el Perú y Vice Presidente de la zona centro (Perú – Brasil – Ecuador – Colombia y Venezuela) de la Red Iberoamericana de Relaciones Públicas (REDIRP). Actualmente es consultor independiente en diversas organizaciones empresariales en Relaciones Públicas, neuromarketing y gestión del talento humano. Es Conferencista y trainer nacional e internacional en temas de Relaciones Públicas, neuromarketing, educación e investigación científica. Autor de los libros: Relaciones Públicas: Del presente al futuro (2002), Relaciones Públicas: Ética, valores y teorías (2007). Es Miembro Embajador en la Cámara Internacional de Conferencistas (CIC-833).

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